viernes, 11 de diciembre de 2015

Estar jodido está bien.

Estamos obligados a juntarnos con el ser humano.
Todos moriríamos sin ningún contacto humano, ya sea visual, o como sea.
Pero francamente, muchos de nosotros viviríamos mejor sin ciertas personas. Y viviríamos mucho mejor con otras a nuestro lado. Y a lo mejor es así, convives con gente al azar a la que tal vez ni aprecias y a miles de kilómetros se encuentra alguien que debería convivir a tu lado.
Y es que hay muchos tipos de personas, desde personas increíblemente molestas hasta personas tan dulces que dan ganas de matarlas. Y al fin y al cabo, lo poco gusta y lo mucho cansa. Todos deberíamos de tener un poco de dulzura y un poco de maldad, por eso a veces las personas tan increíblemente encantadoras cansan, y frustran. Y a veces más que las molestas.
Es decir, ¿Cómo puedes vivir siendo tan absolutamente feliz?
¿No hay un sólo defecto en tu vida?
¿No sufres por nada?
Si es así, te felicito. Y con todo mi corazón. Porque no creo que haya una sola persona en el mundo que sea absolutamente feliz en todos los aspectos. Y si la hay, murió de felicidad.

Francamente, ojalá pudiera yo ser tan feliz como los demás.

Me encantaría dejar de fingir sonrisas y empezar a esbozarlas con razones. Me encantaría ser atractiva, simpática, inteligente y con una familia que me apoye pese a todo lo que haga. Cómo me gustaría, simplemente, ser feliz.

Todos tenemos una inseguridad. Y por muy pequeña que sea, nos atormenta. Día tras día. Hasta que decidimos cortar por lo sano y acabar con ella. De cualquier manera, sólo para dejar esa inseguridad a parte, dejar de pensar en ello y concentrarte en otras cosas que posiblemente te hagan menos infeliz.

Y la verdad es que siempre te dicen "Sé feliz" "Sonríe frente a todo" "Tienes que sonreír" . Pero ¿Para qué voy a sonreír sin una maldita razón? ¿A caso tengo ganas yo? No tienes que fingir estar contento. Estar jodido está bien al fin y al cabo. Aprendes, ves la realidad cara a cara y intentas no caer otra vez.

Moraleja tras moraleja.

¿Por qué?

La mayoría del tiempo, diría todo el tiempo, me suelo preguntar,

¿Qué pasa aquí?

Seriamente, qué pasa aquí. Es decir, en general. 

¿Por qué tenemos que necesitar a alguien?

Y ya, no físicamente. Simplemente tener en mente a una persona, que no sale de ahí ni aunque la mates, cosa que tal vez sería una de las mejores soluciones existentes. No importa, ni cuándo, ni dónde, ni cómo, ni por qué, que esa persona siempre va a acabar en tu cabeza. Aunque sea por una estupidez. Es decir, ¿Qué coño hacemos, que siempre acabamos queriendo a alguien?


Y estar solo, estar solo es genial. No hay nada como una manta, un café y un poco de música, es genial. Pero siempre acabamos enamorándonos de alguien. Y es inútil. Siempre eres feliz hasta que te enamoras. Es entonces cuando te arruinas, más aún. Porque, ya no es sólo pensar en dicha persona, es joderte a ti mismo. Es pensar en que no eres nada comparado con él y es saber que jamás se fijará en ti. Es darte cuenta de lo estúpido que eres por enamorarte y aún así, no poder frenar. Es ser un tren radioactivo sin frenos. Es ser una bomba a punto de estallar. Es..Es sentirse mierda.

Pero aún así, lo hacemos. Sigue habiendo algo dentro de ti que te obliga a enamorarte de todo lo que tiene esa persona, y ya, es entonces, cuando no puedes parar. No puedes soltar las riendas y decir basta, has llegado al punto de no poder decir que no. Es entonces cuando ves todos sus defectos como particularidades y cuando piensas que todo lo que hay en dicha persona es perfecto. Entonces es cuando encuentras sus fachadas, sus faroles y sus mentiras, y te llegas a hacer a la idea de cómo es en realidad. Cuando piensas que es diferente a los demás, y tanto, que está hecho para ti, aunque no sea cierto. La mente desencadena cosas subrealistas que crees que pasarán y con el paso del tiempo no pasan, y te decepcionas. Luego, vuelves a mirar a esa persona, y vuelves a sentirte bien. Es como una bolsa de gusanitos sin fondo, que, aunque te enfades, llores, sufras o lo pases mal, caerás en la misma trampa y te obligarás a sonreír y a ser feliz. Y aunque ni quieras, lo harás.

Vivimos obligados a enamorarnos.

Y ya no por nuestra cabeza, si no, que sabes que tienes que acabar pensando en alguien. Sabes que tarde o temprano pasará y sabes que tarde o temprano te enamorarás. También sabes que sufrirás, pero te arriesgas a ello. Sabes que te decepcionarás, y tú solo tendrás que reconstruir tus ruinas. Sabes que llorarás y tú solo tendrás que limpiar tus lágrimas. 

Y pese a todo esto, nos enamoramos, de todas sus tonterías, de todas sus risas, de todos sus defectos y de todas sus cualidades. Y tenemos que fingir que no es real. Tenemos, tenemos que decirle al mundo que nunca nos enamoraremos de nadie mientras nuestros ojos gritan el nombre de esa persona.

Tenemos que ser infelices buscando la felicidad.

Estamos solos.

No podemos ser honestos.
Jamás podremos decir todo lo que pensamos.
Jamás.
Nuestra cabeza se complementa desde cosas dulces y bonitas hasta pensamientos tan crueles que pensarías que lo imaginó el Diablo. Y, en cierto punto, una parte de nosotros es inhumana.
Una parte de nosotros siempre nos dice lo que de verdad hay que hacer, mientras la otra mayoría está haciendo el bien, o mejor dicho, lo que todos hacen. Porque a veces lo que todos hacen no está bien. Se siguen la corriente unos a otros, y aún estando dentro, no nos damos cuenta de que nosotros también.
Todos somos un poco hijos de puta.
¿Quién diría que la chica que sonríe todos los días puede llegar a sentirse vacía? ¿A caso alguien sabe que ella sufre?
¿Quién se podría imaginar que el chico que por fuera quiere matar a todo el mundo, por dentro sólo quiere matarse a sí mismo?
¿Quién está para salvarnos?
Dicen que no estamos solos. Que siempre tendremos a alguien que nos apoye. Pero no es cierto. Cuando queremos irnos, queremos dejarlo todo y simplemente marchar, estamos solos. Más solos que nunca. Cuando estamos encerrados en el baño y el silencio es nuestra compañía, no hay nadie que nos apoye. Nadie que nos quite la cuchilla de metal de las manos y nos diga que todo va a salir bien.
No habrá nadie hasta que no te marches.

Y triste, es triste, y es así. La tristeza nos hunde por completo, y aún así, sólo nos dignamos a fingir una sonrisa día tras día, pensando en quién se sentirá igual que nosotros.
No pretendemos llamar la atención.
Si tuviéramos que llamar algo, sólo pediríamos ayuda. Y a veces, ni lo hacemos. Sólo miramos a las personas aguardando a que te entiendan, pero nunca lo hacen.

En cierto punto, sólo nos tenemos a nosotros mismos.

Hi.

Hola! Voy a empezar con este blog ya que hace años empecé uno y tuve buen resultado, solo que no iba del tema que ahora me interesa. En este blog hablaré un poco sobre cómo me siento la mayoría del tiempo y sobre varias cosas que me encantaría soltar al aire, pero no puedo. Y supongo que para empezar con algo así hay que presentarse, pero me niego a ello. No puedes creer conocer a una persona sólo con un par de facts escritos, es practicamente imposible. Toda persona esconde todo lo que puede sobre sí mismo, y para mi, personalmente, no existen los libros abiertos. Con el tiempo iréis sabiendo cómo me siento diariamente y cómo me veo, y no creo que haga falta una introducción rara. Simplemente estad atentos a cómo y lo que escribo, no pretendo ayudar a nadie escribiendo, salvo a mi misma. Y si lo hago, no habrá sido intencionado. Espero que sirva de algo.